El Granada CF se ha propuesto asumir de inmediato el papel de absoluto protagonista en el mercado de transferencias de la Segunda División. En una categoría de plata caracterizada por una igualdad milimétrica, una exigencia física extenuante y la eterna maratón de 42 jornadas ligueras, la presteza en las oficinas a la hora de reclutar piezas para la vanguardia se convierte en el factor diferencial entre el éxito y el fracaso. La planta noble de Los Cármenes, que trabaja a destajo en la confección de su nuevo proyecto deportivo, mantiene sus teléfonos echando humo en busca de ese perfil desequilibrante que aporte frescura, verticalidad y alternativas de plenas garantías profesionales en las bandas del equipo. Conscientes de que el talento en los metros finales es el bien más codiciado y habitualmente más costoso del periodo estival, los encargados de la parcela de ojeadores del Granada han vuelto a poner sus ojos sobre un futbolista al que conocen a la perfección. Lejos de buscar apuestas arriesgadas de última hora o melones por descubrir en ligas extranjeras, la secretaría técnica andaluza ha decidido rescatar un nombre propio que ya estuvo subrayado en rojo en sus agendas hace apenas unos meses. Las alarmas informativas han saltado con fuerza en el entorno del club tras conocerse que el jugador vuelve a estar formalmente sobre la mesa de la dirección deportiva, abriendo una ventana de oportunidad que promete agitar el panorama de transferencias en la categoría de plata. La intrahistoria de este apasionante movimiento estratégico viene de lejos y guarda una estrecha relación con los movimientos sucedidos a principios de año. Según ha trascendido en las últimas horas por información de Ángel García, el descarado extremo diestro Víctor Moreno es el nombre que ha vuelto a estar en el radar del Granada.